Se traspasa

Los martes eran día de bingo. Jugábamos 2 cartones cada uno y si ganábamos algo nos tomábamos un gin tonic de los caros, con pepino y esas cosas. Sino, una caña en el bar de enfrente, donde siempre había exposiciones de fotografía. Nos gustaba la fotografía. Una vez me compró una polaroid del demonio de Tasmania en el rastro y ese día nos lo pasamos retratando nuestro amor por todo Madrid. No entiendo cómo supo que era mi Looney Toon favorito. Yo le regalé película para su Lomo, pero se la olvidó en un cajón de la cómoda del vestíbulo, todavía sigue ahí.

Desde el apartamento se veía al gato del vecino. De esos grises de ojos amarillos. Gatos de pagar, como yo los llamo. Lo saludábamos cada mañana mientras desayunábamos y él movía la cabeza como si entendiese.

Hacíamos listas. Listas de “odios” compartidos, de sabores de helado raros y de películas de serie B (como Ovejas asesinas) todavía por ver. La banda sonora de nuestros días fluctuaba entre Antony & The Johnsons y The National. El aroma de nuestra colisión (así llamábamos a “lo nuestro”) era delicado, con base de mimosa y toques de jazmín. A veces un poco de lavanda, pero solo en los días malos. La lectura compartida era Eugenides. La proyección, Coppola (cualquier miembro de la familia). Jugábamos al póker desnudos sobre la alfombra de lana del pasillo. Comíamos pizza fría de pepperoni en el suelo de la cocina. Dormíamos bajo las estrellas de nuestro propio cielo.

A veces, cuando hacía calor, nos tumbábamos en el suelo del patio y dibujábamos el contorno de nuestros cuerpos con trozos de escayola, gráciles siluetas blancas en el escenario de un crimen pasional. Como Sid y Nancy. Como Romeo y Julieta. Como nosotros.

De vez en cuando me vestía con su ropa. Unos  vaqueros demasiado flojos, un sombrero vintage, una camisa de algodón… Me pasaba el día oliendo a él; oliendo a nosotros. Los dos utilizábamos el mismo perfume, Neroli Portofino en el cuello y las muñecas.

Nos bañábamos juntos cada noche; no nos gustaban las duchas, no son románticas, no son íntimas. Para bañarse hay que ser valiente. Hay personas que nunca entenderán la brutal sinceridad de un baño compartido.

Ahora encuentro demasiado espacio libre en esa bañera, ahora juego al solitario. He dejado de leer y ya no me gusta el pepperoni. Ahora ya nunca está el gato gris en la ventana. Quizá sí que entendía.

 

POKER

Solitaire, de Thomas Saliot

Se traspasa historia de amor por poco uso. Razón aquí.

Paula Tabuyo

Compeed apositos hidrocoloide

Buenos días amiguis!! Hoy quiero compartir con vosotros unos de mis indispensables en verano. No se trata del vestido más fresquito o el ventilador portátil que se carga con el móvil (grandísimo invento donde los haya jajaja), hoy os quiero hablar de los apósitos hidrocoloides. Estoy segura de que ahora mismo estáis flipando pero continuad leyendo por favore… jisjsisis

Desde que era muy pequeña mi madre siempre me ha dicho que tengo pies de princesita, me rozaban hasta las bailarinas mas endebles. Siempre, y cuando digo siempre es sieeeeempreeee, los dramas convivían  cada verano con turisteo por cualquier localización porque yo lloraba durante horas con mis piecitos llenos de ampollas y heridas. Es cierto que mis padres, vendítos llenos de paciencia, no me abandonaban a mi suerte pero no había tirita que aliviara semejante dolor. La cosa se fue complicando según crecía porque los tacones llegaron a mi vida y no con más suerte que aquellas bailarinas de pesadilla. Sumado a todo este sufrimiento no hay nada más desagradable que un pie lleno de marcas, le quita la poca belleza que ya pueda tener esta extremidad corporal.

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Pero un día esta locura encontró solución. Todavía vivía en Ponferrada y a mi farmacia habitual llegaron unas nuevas tiríias que no se llamaban tiritas en realidad sino apósitos, quién los firmaba: Un completo desconocido, Compeed. La verdad es que su precio en comparación con las otras era tan elevado que echaba un poco para atrás, pero tras la explicación de la farmacéutica mi madre no dudo en invertir en lo que veíamos como un auténtico milagro. Y así lo era, con los Apósitos Hidrocoloides de Compeed (así su nombre real) se terminaron todas mis dolencias, las marcas, ese pegamento negro de la tirita que se va cayendo con el calor desolador en la piscina, y vamos lo feo que quedaba tener el pié como una momia lleno de trocitos de mil colores imitando al tono de la piel. Nada que ver con la agradable sensación de un apósito que te pones y se adapta completamente a ti. Parece realmente un trocito de tu propia piel, y no deja ningún residuo desagradable que te duele más deshacerte de él que la propia ampolla, es algo increíble.

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Brevemente me encantaría comentar con vosotros que hace poco he descubierto el origen de éstos y me ha resultado bastante curioso. Vienen de los soldados nórdicos cuando decidieron cortar los apósitos de Hidrocoloide en trozos más pequeños para proteger sus pies en ejercicios de entrenamiento. Si a ellos les funcionaba imaginad a los pies de una princesa como yo jajaja

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Ahora jamás paso sin mi cajita de Compeed en el bolso durante todo el verano y si os sucede como a servidora de verdad os aconsejo que hagáis lo mismo!

 

Saludos amigos invisibles!!

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De paseo con mi caniche Flopy

Buenos días amiguis!! No sabéis que felicidad me da este calor! Puedo entender que los sofocos preveraniegos agobien a unos más que a otros pero yo tenía tantísimas ganas que me ha dado la vida esta subida de las temperaturas. Y es que es genial poder salir a dar paseos interminables con mi pequeño (bueno ya no tan pequeño) Flopy, irnos de cañas, llevármelo a que corra como loco por el parque sin que se me caiga el moquillo ni se me congelen las rodillas… Ahora lo único que me falta es que abran las piscinas, tener unos días de vacaciones, visitar un sitio exótico, ir a la playa y descansar, casi nada ¿verdad? jajaja. Genio de la lámpara concédeme estos deseos que se me hace feliz con muy poco 😛
Para uno de estos deliciosos paseos decidí estrenar mi nueva camiseta de SUITEBLANCO, me ha encantado redescubrir la marca que hacía años tenía abandonada, ésta combinada con falda de ante marron vintage que compré hace tiempo en un mercadillo madrileño pero que, según la vendedora viene de Londres, combina a la perfección. Los botines son de mis preferidos, al igual que el modelo de invierno que tengo en negro, de Alpe y uno de mis must it: El bolso saco en blanco de Parfois.
Espero que os guste y que paséis un día fabuloso. Ah! Y feliz San Isidro a todos los madrileños!

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Blusa: SUITEBLANCO (Aquí)
Falda: Vintage
Botines: Alpe Shoes
Bolso Saco: Parfois

Saludos amigos invisibles!!

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Temperatura ambiente

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Pues sí queridas… Hoy Paula nos da los mejores trucos para esta temperatura ambiente, por lo menos la de Madrid, que hoy ronda los 37º. Como el suicidio no es la solución, y aquí lo que más nos gusta es reírnos, pillad sitio en vuestra esquina mas fresquita del sofá y preparad vuestra sonrisa que ahí va el post de tendencias de la semana.

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