soltera a los 30

En la cama, lo que me da la gana. Flex

Hace unos días me vi sorprendida por una campaña que me llegó al corazón, bueno no a ese corazón exactamente, al segundo que tenemos las mujeres, ese del que nadie habla porque cuando lo haces, incluso en este siglo de modernidades y reggeton, se te sigue tachando de fresca (por decirlo así suavemente).

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El anuncio pertenece a Flex y hace un llamamiento, a groso modo, a que utilicemos nuestra cama para lo que nos de la gana y no necesariamente para dormir, a pesar de que se supone que era su principal finalidad ¿O no? En mi caso, respuesta negativa. Desde pequeña he estudiado en la cama, he visto pelis en la cama, las mayores fiestas de pijamas eran en el mismo sitio y los mejores domingos cuando desayunaba en ella. Pero “Ay queridos!” Lo mejor que se puede hacer en la cama sabemos lo que es y la marca de colchones ha querido recordárnoslo, sobre todo a mis amigas que llevan meses a pan y agua y cada vez que ven la publicidad se torturan recordando que hace tiempo que el suyo no se da un festín.

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El caso es que comento todo esto porque estoy realmente cansada, enfadada, bueno enfadada tampoco, enervada más bien, de que sigamos sin poder decir lo que realmente nos gusta hacer en la cama. Este no es exactamente mi caso porque siempre lo dejo claro y no estoy nada de acuerdo con eso de evitar ciertas materias por guardar las formas (es obvio que si estoy con el embajador británico no voy a sacarle el tema de: “A usted que le gusta más arriba o abajo?”) pero por normal general hablar sin tapujos de estos asuntos, me hace sentir libre y os diré un secreto, cuando esa es tu filosofía ligas más y mejor, pero cuidado con Tinder que os veo venir a todas como locas gritando a los cuatro vientos a todos los desconocidos cachondos que se os crucen que: Antes de decir una palabra han de bajar al pilón para satisfacer su boca con algo más que una alegre conversación.

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Soy consciente que al adoptar esta postura se me juzga, no me engaño porque sé que lo hacen por igual hombres y mujeres, me lleva pasando toda la vida pero es que a mí no me importa lo que hagan otros en la cama, me da igual con quién se acuesten, si es hombre o mujer, blanco o negro, alto, guapo, feo, gordo, porque lo que de verdad me importa de las cosas que pasan en los colchones de mis seres queridos es que haya dos corazones, no necesariamente tienen que ir más allá del ámbito que la situación nos confiere, que simplemente han de ser buenos para ambos, para el mundo. Por lo demás que en la cama hagan lo que les de la gana porque yo en mi cama amigos… Hago lo que me da la gana!

Si queréis investigar algo más sobre esta campaña aquí las RRSS: Insta, TW, Face.

 

LUCERAL.

 

 

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“Hombre profundo busca mujer interesante”

Que las apariencias engañan, y mucho, es algo que nunca nos termina de quedar claro y en numerosas ocasiones funciona en el sentido más negativo. Pongamos un ejemplo: “Hombre profundo busca mujer interesante”, si lo tradujéramos a la inversa la veracidad de la frase sería mucho más creíble, “Hombre simplón busca mujer sin complicaciones”. Entonces para qué continuar engañándonos? Para seguir dando y dando vueltas como la punta de un lápiz al final de una cuerda clavada en la mesa, moviéndonos en círculos que nos llevan siempre al mismo resultado: Mejor solo que mal acompañado. La comparativa es mucho mas sencilla que el susodicho hombre simplón. Tendemos a dejarnos llevar por  la sensación de que es más fácil engañarnos a nosotros mismos con la idea de que el romanticismo se parece a que te regalen un ramo de rosas (si pueden acompañarlo de un anillo de Bulgari una no le hace ascos a nada) en vez de la necesidad diaria de pensar que la vida sería más compensativa si la persona que amas te acompañara hasta el final. El mismo final que el de la cuerda atada al lápiz, seguirías dando vueltas pero quién sabe si en un tirón del copiloto te deshaces de los nudos y llenas de ilustraciones aventureras los soportes de la existencia al tuntún. No estaría bonito?
De todas formas sigo pensando: “Pobres de las presas que se fíen de las apariencias…”, al final siempre viene el lobo.

Sorteo de experiencia Wahanda

El otro día decidí que era un buen momento para atreverme a depilarme las ingles, sí sí como lees, las ingles. No es que nunca lo hubiera hecho, tampoco tengo la intención de que me apoden el Yeti, que una ya tiene una edad para sufrir la tortura de los motes, pero si es cierto que siempre utilicé o cuchilla o crema depilatoria. Hace un mes me lancé de cabeza, y gracias a mis amigas de Benefit, me atreví con la cera. Ahora aplicando una de mis frases preferidas “from lost to the river” o de perdidos al río de toda la vida, consideré que si había sobrevivido a mi primera experiencia en ese lugar tan inospito de mi cuerpo al contacto con la cera por qué no iba a aguantar una sesión (o las que sean) de láser?

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Emperrada me puse a la tarea pero el primero de los problemas… Dónde? OMG! Cómo? Cuándo? CuántoooooOOO??? Soy una drama queen, herencia directa de mi madre, así que entré en un estado de crisis que me hizo plantearme si desistir y someterme a la tortura que es arrancarte los pelos una vez al mes y echarte a la bebida, porque os aseguro que en esos momentos mi único deseo era bañarme en media botella de tequila y anestesiar lo mismo el cuerpo y la mente. Pero hubo luz al final del túnel…

Encontré a Wahanda, y no queridos míos no es la prima maja de Pocahontas, es mi salvación y de quién me acordaré cada vez que en verano me ponga el bikini al grito de “Marco! Polo!”. Wahanda se definen principalmente como un grupo de gente amante del bienestar, en mi humilde opinión en un principio me sonó a secta pero nada más allá de mi imaginación incontrolada, Wahanda es el hogar de la salud, la belleza, el bienestar, la casita donde duermen los mejores centros donde podrás encontrar el tratamiento que más se adapte a tú necesidad, en resumen: Nos ayudan a vivir mejor jijiji.

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El funcionamiento es muy sencillo: Entras en su web o app; afinas la búsqueda añadiendo la localización et voilà! Todos los centros que exquisitamente han escogido para ti; después día y hora; tratamiento y ya solo te queda disfrutar.

Cómo no soy de compartir palabras con hechos vacíos me encantaría que vosotras mis guapísimas lectoras probarais de lo que os hablo y lo compartierais conmigo, vuestras amigas, familia wathever! Así que os anímo a participar en el SORTEO de una EXPERIENCIA WAHANDA valorada en 30€ ¿Cómo? Escribid un comentario con vuestro mail y el equipo de Wahanda escogerá una ganadora y os obsequiara con una de los tratamientos ¿Qué os parece? Muy fácil! Os deseo mucha suerte!!

 

Saludos amigos invisibles!!

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También Agosto

Se acaba agosto y la vuelta a la rutina se hace dura, espesa, pesada. Sigue haciendo calor, pero ya no es como antes, ya no te asfixias al sacar la cabeza por la ventana; ya puedes abrir el balcón hasta más tarde de las 11 y disfrutar un poco de la brisa matinal que entra en tu dormitorio y te revuelve el pelo. Las gafas de sol son menos necesarias y ya no vas con el ceño fruncido permanentemente. Vuelves a comer manzanas y a utilizar secador y productos para el pelo, ya apetece probarse jerséis de punto fino y cambiar helados de limón por crêpes de Nutella. Buscas sábanas nuevas para combinar con tu edredón, ese que está encima del armario, hibernando sin ser invierno, acurrucado bajo sombreros fedora y bufandas de lana. Casi no hay coches en Madrid, el metro funciona a medias y solo algunos “pringados” pasamos el día tecleando en la oficina. Todavía no es septiembre, quiero dejarlo claro; mi mente no entiende, no concibe (ni quiere) un agosto sin playa, sin verbenas, sin familia, sin amigos, sin gato.

Es un mes raro, agosto. Casi como septiembre (pero no tanto). Todas las fiestas de pueblo son en agosto, todos los amores de verano comienzan y terminan en agosto, empiezas a preocuparte por que tu abuelo te obligue a vendimiar y planeas cómo escapar de semejante tortura china. Los mosquitos pican más en agosto, no sé por qué. En agosto son las rebajas de las rebajas de las rebajas y encuentras sandalias a 7 euros (que no te pondrás nunca). El negro llama a tu puerta y vuelve a ser tu color fetiche. Ves pijamas de telas suaves y manga larga y los quieres, los necesitas, eres previsora (y no consumista). Los labios se oscurecen, las faldas se alargan, los abrigos aparecen y los mojitos desaparecen. Los días vuelven a ser más cortos y las noches más frías. Y mientras todo esto pasa, agosto termina. Y, en realidad, nos importa un bledo.

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Paula Tabuyo

 

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