El crooner Dylan

Quién iba a decirle, comenzando la década de los sesenta, a la productiva industria musical del enclave conocido como: “ El Callejón de la Sartén” (Tin Pan Alley) situado en la neoyorquina Calle 28, entre Broadway y La Sexta Avenida, que como si del “torbellino Podemos” se tratase, unos muy jóvenes inexpertos, un tanto desaliñados, con la parte hippie de los “perro flauta” iban a remover los cimientos de todo el callejón hasta derrumbarlo, tan solo con el empuje de su artística autosuficiencia y contundente autenticidad. Y ¡SÍ! Pudieron, todavía viven testigos, como Tony Bennet y algún otro que basaron su carrera musical en la “casta”.

Que cerca tenemos términos como “podemos, casta, perro flauta,…” ¿verdad?… pero salvando la distancia en el tiempo y la diferencia del contenido, el paralelismo se me hace inevitable. Los primeros pudieron, los de aquí está por ver si algún día se cogerán por los hombros y formando infinitos círculos entonarán a modo de coros Nabuccosianos el ¡PUDIMOS! ¡PUDIMOOOOS¡ quien lo sabe… condenados a invisibles amigos de Luceral, como diría el pionero Dylan: “The answer is blowing in the wind” (la respuesta esta flotando en el viento).

Bob Dylan fue uno de aquellos insolentes jóvenes que ahora resucita con “shadow in the nigth” su último álbum, temas del sempiterno Sinatra y no de sus mayores éxitos si no rebuscados entre el abundante repertorio del Crooner por excelencia, término que La Voz siempre repudió.

Este experimental trabajo, a modo de “cantaré sobre las cenizas del callejón de la sartén” rezuma sensibilidad, con un timbre susurrante como si Bob hubiese engullido a Nick Cave, trufado con Tom Waits  y todo espolvoreado del intimísimo Cohen.

Cuando me enteré de la inminente aparición de éste, su último trabajo: ¡miedo me dio! sobre todo recordando, como si del patrio Raphael se tratase, su anterior álbum navideño, o sus últimas apariciones publicitarias. Pero no, en “Shadow in the nigth” hay calidad, acerca al country estos temas mas próximos del jazz que de otra cosa. No busca el sonido de las Big Band, se acompaña de sus músicos del directo, no interpreta ningún instrumento, solo pone su voz, usando como acompañamiento, en algunos temas, dos trombas y una trompeta, en otros, el arco roba profundas notas al contrabajo. Su voz se percibe frágil, como de alguien que ha vivido y quizá añore el pasado con el peso de sus 73 años y más de 50 en la música.

Bob Dylan

En todo caso, para mí que soy un friki de las versiones, este trabajo me convence, me gusta su interpretación y mas su ocurrencia, sobre todo por lo que simboliza.

Salud, suerte y tiempo para escuchar música, condenados a invisibles amigos de Luceral.

 

 

El Conde Nao.

 

 

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4 Comentarios

  1. Conde Nao …¡¡a tus pies!!!

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