El viento se levanta

Vuela un poco y cae en un charco, y se deja empapar de ese líquido que parece más un café aguado que otra cosa. Pronto ya no será nada, una pasta marronácea pisada y amasada por zapatos desconocidos, lejanos, ajenos a la historia contenida en ese pequeño avión que quería surcar los cielos, que quería atravesar borrascas, anticiclones y tormentas de arena; que quería contemplar auroras boreales atravesando de luz sus alas.

 

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El corazón del avión era de pluma, tenía por latidos letras y por sangre tinta. Su misión era sencilla, aunque complicada. No es tan fácil volar sin más motor que el viento cambiante de un clima templado. En los trópicos, la circulación de depresiones térmicas por encima del terreno y de las mesetas elevadas puede impulsar la circulación de monzones. (Esta frase es de la wikipedia, pues yo de vientos, poco sé). Pues nada, que despegó del aeropuerto de una mano inocente de un alma inocente subido a un tejado de pizarra un tanto resbaladizo. El avión de corazón de pluma (tenía este corazón para que volase como un pájaro) voló un ratito, atravesando algún que otro árbol y un par de edificios. A los árboles los saludó con un ala, pues los conocía de otra vida. Ellos movieron las hojas y le dieron impulso con sus ramas. El pequeño avión siguió volando todavía un poco más, veía tras las ventanas a niños jugando al jenga y a madres horneando bizcochos y galletas. ¿Acaso estoy en 1975?, pensó el avión. Y prosiguió su camino, con el mensaje del alma inocente de la mano inocente en su interior.

 

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Voló recto un rato y luego, como algo inevitable, comenzó a descender. Descendió hasta caer en un suelo de gravilla, un pavimento irregular que albergaba aguas revueltas en sus lomos como lagos en miniatura. Y ahí, el viento, de pronto mezquino lo empujó hasta el charco que os contaba al principio. Y se acabó la historia de este avión de papel, que vivió menos que una mariposa y que nunca llegó a entregar su mensaje, pero que tuvo la suerte de ver el mundo desde las alturas.

Él tenía corazón de plumas, corazón de pájaro, y por eso voló.

Las razones del alma inocente… eso ya es otra historia.

 

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El hombre vuela tanto o más que un avión de papel; 4 metros, 5 metros, quizás 6 si lo tiras desde un acantilado

 

 

Paula Tabuyo

 

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4 Comentarios

  1. Gracias Paula,…¡ Me enamora tu narrativa ¡

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